Recuerdo mi niñez y el cortijo donde vivía, había un guarda, un
poquitín borrachillo, que tenía muchos perros y a todos los llamaba
"moro"
Imaginaos cuando este señor venía a guardar la
sierra (el monte para los profanos), a las 05:30 de la mañana con la medio
tajá de aguardiente y empezaba a vocear, ¡¡¡moro, moro!!! y acudían a el
todos los perros en jauría ladrando al unísono como una orquesta mal
afinada. No veáis el espectáculo, nos despertaba a todos y mi padre
cagándose en el hacedor con las alpargatas en la mano.
Que tiempos aquellos!!!
